viernes, 17 de abril de 2015

Demasiado pronto



Las personas se van. Mira, ya no esta. Él se fue demasiado pronto y yo llegue demasiado tarde. Él dejo de lado las noticias de las 15:00 y la paella de los domingos. Se fue sin despedirse, sin decir adiós…quizás para no molestar, para no acabar con el silencio, para dejar vacía una vida que él lleno de sentido.

La vida me dejo cojo a los 18 meses. Mientras yo lloraba de niño, de rabietas…mi madre ya lloraba su pérdida, lloraba a mi padre. Quizás la vida fue injusta conmigo pero mucho más con mi madre; en todo caso, nos dejo cojos y mi abuelo fue esa “muleta” que nos permitió quedarnos de pie y seguir avanzando.

Mi mundo empezó a crecer a la vez que mis oídos iban escuchando sus palabras. Una tarde de toros, una película de vaqueros o una sesión de “Tour de Francia” daban para mucho y sus silencios me enseñaron a elegir las palabras y el momento en el que se debían pronunciar.

Nunca tenía un “no” para mí, quizás porque toda su vida había actuado conmigo como con cualquier hijo. Incluso con frio y lluvia me acompañaba de niño para que yo diera golpes a un balón; él confiaba en mí y en mi talento, y no dudaba en ir conmigo al fin del mundo.

Después me compro mi primer bicicleta y me dio a elegir, sin restricciones, sin explicaciones…él quería y yo era el más feliz del mundo. Y no era feliz por tener objetos materiales, sino por tener de abuelo a alguien a quien todos quisieran tener.

Mi infancia se convirtió en adolescencia, y la adolescencia en madurez…y él estaba ahí. No me preguntaba porque me conocía demasiado bien, no se enfadaba porque entendía cada una de mis reacciones…él me miraba y yo le miraba a él.

Una mirada o un simple golpe en el hombro eran suficientes, quizás porque nos parecíamos demasiado (y eso lo estoy empezando a entender ahora). No había palabras de afecto, esas se quedaban guardadas en cada uno de nosotros. Había pocos besos y contados abrazos, pero yo estaba orgulloso de mi abuelo y él espero que lo estuviera de mí.

Hoy, dos semanas después de decirle adiós, entiendo que todo esto no es triste…es todo lo contrario. Todo lo vivido con él ha sido increíble, de lo más bonito de mi vida. Y aunque su coche siga aparcado delante de una casa a la que le falta alegría, los recuerdos seguirán vivos por siempre y los guardaré en silencio, porque las palabras en su caso y en el mío…van por dentro. 

Un saludo, Miquel Orenga. 

martes, 24 de marzo de 2015

Born to run: Jordi Ripoll Ramirez

NO existen los deportes minoritarios. Eso es solo un invento de los medios de comunicación porque para cada deportista, sea del deporte que sea, su deporte es el más importante y el más increíble del mundo. ¿Como va a ser eso minoritario?  En el día de hoy cuento con Jordi Ripoll, jugador de futbol sala en el juvenil del Valencia FS, el cual nos relatará sus vivencias y su trayectoria en este bonito deporte.


Hola, me llamo Jordi Ripoll y soy del Pinós (Alicante). Tengo 18 años y el deporte que practico es el futbol sala. Actualmente juego en el Valencia FS y a continuación explicaré mi trayectoria y vivencias en este deporte. 
 
Desde bien pequeño mi madre quiso apuntarme a la escuela del pueblo de futbol sala ya que estaba cansada de lavar los pantalones y las camisas del campo de tierra de futbol y aprovechando la apertura de este nuevo deporte en mi pueblo pensó que era la mejor forma de continuar jugando a futbol de una forma diferente: en pabellón, más reducido, con una pista rápida y lisa… Aunque de esto ya hace más de una década, el futbol sala sigue siendo el deporte más valioso que he practicado a día de hoy, y difícilmente lo cambiaría por otro. 

En un principio el objetivo era simplemente pasármelo bien jugando con mis amigos, hacer deporte y divertirme como cualquier otro niño que juega a futbol pero con los años y la experiencia puedo reconocer que significa algo más que un simple deporte, es lo que me motiva todos los días para levantarme con más fuerza que el día anterior y superarme entrenamiento tras entrenamiento, partido tras partido. 

A día de hoy y tras pasar por equipos como el Pinoso Atlethic o Levante UD, soy componente del juvenil de división de honor del Valencia FS. Mi palmarés individual eclipsa (por suerte o por desgracia) al colectivo, y es que ser pichichi en todos los equipos en los que se ha jugado e incluso de prácticamente todos los campeonatos no es tarea fácil pero el subcampeonato provincial y mi convocatoria en la selección valenciana cadete han sido decisivos para que día tras día luche para que en un futuro no muy lejano pueda dejar una pequeña huella en este deporte.

 El futbol sala representa la parte más grande de mi vida sin ninguna duda, ese nerviosismo antes de un partido, las ganas de agradar a la gente que está en la grada y que te apoya en todo momento, el afán de ser mejor que ayer y al mismo tiempo disfrutar haciendo lo que más me gusta es algo que no cambiaría en ningún momento. Además, he de reconocer que las personas que han confiado en mí y que siempre han estado en las buenas y en las malas han sido decisivas para que continúe jugando con la misma ilusión con la que empecé a practicar el futbol sala. Y digo esto porque el año pasado vi peligrar mi continuidad no solo en este deporte, sino en el deporte en general, y es que una lesión muscular y de ligamentos de la rodilla derecha me mantuvo alejado de los terrenos de juego casi un año, y esto para un deportista que necesita su dosis diaria de entrenamiento es la peor de las noticias que puede sucederle. A pesar de ello, y una vez recuperado, el objetivo era claro: olvidar ese año difícil y recuperar la forma entrenando muy duro. 

Como entre otras muchas cosas, este deporte me ha dado muchas alegrías y muchos temas de conversación con amigos, familiares y demás, pero especialmente recuerdo una anécdota que difícilmente olvidaré, y es que el día anterior al debut con el Valencia me levanté a media noche, me hice la mochila de deporte y cuando ya estaba casi en la calle me di cuenta que todavía faltaban más de 6 horas para acudir al pabellón, las ganas de jugar unidas al nerviosismo del debut hicieron que me levantara mucho antes de lo esperado; suerte o no, aquel día hice dos goles que a la postre sirvieron para reírme de aquella curiosa situación.

Este deporte, como ya he dicho muchas veces, es como una montaña rusa, sube y baja y según los resultados y la situación individual en que te encuentres te sitúas arriba o abajo. Es por eso que conviene ser cauto y no ponerse metas muy lejanas por conseguir, vale más ir paso a paso (pensando entrenamiento tras entrenamiento y partido tras partido) consiguiendo objetivos cortos y con el cúmulo de estos hacer una reflexión de si se puede seguir avanzando o ya se ha dado casi el 100%. Personalmente, el objetivo a comienzos de temporada era claro, subir al primer equipo y luchar por un puesto en él, eso sí, sin descuidar el equipo juvenil,  que en principio era la prioridad de esta campaña.  Con sacrificio lo he conseguido pero esto no queda aquí, la ambición de un jugador dice mucho de él, y próximamente espero seguir aumentando mis cualidades para ser un jugador completo en todos los aspectos: de cabeza, con la pierna mala, el regate, la visión en el campo… 


Jordi y yo a parte de compartir la pasión por el deporte, también compartimos aulas y apuntes ya que somos compañeros de clase en la universidad. Quiero darle las gracias desde aqui por haber querido aportar su granito de arena a este proyecto y por transmitir esas ganas de seguir creciendo constantemente.

Un saludo, Miquel Orenga.

viernes, 13 de marzo de 2015

Aprendiendo enseñando por Pedro Zorrilla

¡Pim!¡Pam!¡Pim!¡Pam!...Puede parecer monotono, pero no lo es. Es todo lo contrario, porque estos sonidos tan simples nos hicieron pasar 6 horas delante de la televisión esperando a que un tal Rafa se proclamara campeón. Además estos sonidos han acompañado y lo siguien haciendo la vida del invitado de hoy: Pedro Zorrilla. Nunca habíamos hablado de tenis en el blog y hoy él lo hara como nadie.

Hola, soy Pedro Zorrilla, tengo 21 años y estudio 4º del Grado de Publicidad y Relaciones Públicas en la Universitat Jaume I. Además, soy entrenador de tenis en la Academia del Club de Tenis Uxó, y en mis clases he tenido desde niños con tan sólo 2 años, a tenistas veteranas de más de 50 años. De todos ellos, sigo aprendiendo enseñando.


Hoy voy a contaros mi vida alrededor de la raqueta, de mi pasión por el tenis, y de cómo lleva este deporte y mis pequeños alumnos, a sobrecargarme —positivamente— de felicidad en mi día a día dentro de las pistas.

Mi afición por el tenis viene de lejos, tenía sólo 3 años cuando mi padre —jugador veterano y más que respetado de frontenis— me regaló mi primera raqueta, una Wilson roja y negra casi más grande que yo. Ya daba mis primeros golpes a la ‘sartén’, cuando me di cuenta de que este deporte había ganado un seguidor más. Posiblemente, ayudó el buen ambiente que reinaba, unos magníficos compañeros, y como no, unos entrenadores muy profesionales y muy cercanos. Recuerdo la cantidad de grandes y magníficos entrenadores que han pasado por ‘mi’ pista; desde el mismo Vicen, director de la academia de tenis, pasando por Dionisio, Migue, David Prats, Julio Pifarré, Magda, Inma Romero, MªRosa Tel, Pedro Villena, Natxo Albiol, entre otros, que tal vez sean desconocidos para algunos, pero que para mí han contribuido no sólo a enseñarme a jugar al tenis, sino a formarme como persona. De cada uno guardo un magnífico recuerdo, —e incluso una gran amistad— pues todos ellos han aunado para que a día de hoy sea la persona que soy, tanto dentro como fuera de la pista.

Al largo de los años he jugado, he aprendido y he disfrutado del tenis, mejorando año a año, compitiendo y conociendo los entresijos del deporte rey de la raqueta. Fue a los 14 años, cuando mi entrenador y director de la Academia de Tenis Uxó, Vicen García, confió en mi para ayudarle a impartir clases de mini-tenis (niños de 4 y 5 años), de estos primeros años, mi gratificación venía directa al ver una sonrisa en un alumno sólo por darle a la pelota y pasarla de la red. Con el apoyo de Vicen, y el conocimiento como entrenador que iba adquiriendo, me iniciaba en un reto personal de mejora clase tras clase. Lo que en un principio era ‘tirar pelotas a los niños’, se convirtió en clases donde niños más avanzados y adultos entraban en la pista con ganas de aprender más y perfeccionar su nivel, y donde tocaba poner en práctica lo que mis antiguos entrenadores me impartieron en mis años como jugador, y sobre todo, formar a los que ahora eran mis alumnos.

Desde bien pequeño, raqueta en mano, he ido aprendiendo no sólo en la práctica, sino también, de los valores que trae consigo el tenis. Y creo, que es una obligación el tener como cuna en los tenistas, una buena base donde se forjen los verdaderos e importantes valores de este deporte, y nuestra academia los cumple a la perfección.

Y es que no podemos concebir un mundo sin nuestra pasión —el tenis—, pero tampoco debemos olvidar la importancia de la educación, seguir formándonos y aprendiendo en lo que nos apasiona, nos gusta y nos inquieta. Nelson Mandela decía que “la educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”. Precisamente, la Academia de Tenis Uxó, nació con el objetivo de educar y transmitir a los más pequeños hábitos de vida saludables y una disciplina deportiva enfocada a mejorar sus capacidades y su nivel de compromiso. El trabajo y el esfuerzo son las herramientas que, nosotros como entrenadores, ponemos al alcance de los peques para que sea una constante en su vida. Es importante tener en cuenta que el deporte por sí solo no educa el deportista, son los entrenadores, los padres y el entorno deportivo, los responsables y principales protagonistas de que esto suceda, por lo tanto una combinación bien estructurada de estos elementos es fundamental en la formación personal, profesional, y deportiva del jugador.

En nuestra academia, desde el inicio, no solo instruimos sobre técnicas, sino que educamos a nuestros jugadores con valores —esfuerzo, superación, educación, compañerismo, entre muchos más— desde un punto de vista deportivo, iniciándoles en un nivel elemental y enseñándoles a crecer en habilidades para que desarrollen herramientas para enfrentarse a situaciones que van a definir no sólo en los partidos de tenis, sino también, lo cotidiano y en sus vidas.

A mí el tenis me da vida, me da felicidad y me da ganas de seguir aprendiendo enseñando.


En Pedro se refleja claramente lo importante que es absorber todo aquello positivo que nos rodea porque al fin y al cabo, serán esos momentos los que nos haga un poco más felices. Quiero agradecer a Pedro su voluntad, sacar tiempo de debajo de las piedras para poder compartir con todos vosotros su pasión por el  tenis.

Un saludo, Miquel Orenga. 

jueves, 12 de marzo de 2015

Me equivocaría otra vez



Con volteretas y acrobacias me estoy dando cuenta de lo importante que es saber caer. ¿O no? Quizás de lo que me estoy dando cuenta es de lo que vale levantarse, de lo importante que es decir “voy a seguir” y no “voy a quedarme aquí”. Nadie es libre de caerse, todos debemos caer y algunos lo hacemos de forma constante, y no es que nos guste, es que nos hace aprender.

Es muy cómodo quedarse sentado pero desde el suelo nos perdemos una perspectiva fantástica del mundo. Nos perdemos todo aquello que se ve desde arriba, que es mucho, y damos a lo de abajo demasiada importancia porque pesa más la ignorancia que el querer crecer. ¿Y lo bien que se esta sentado? Se esta bien hasta que el culo se te empieza a pelar por la rutina de no moverse, hasta que las piernas se te duermen y te dejan sin opción de ponerte de pie. Solo se esta bien sentado si el motivo que te ha llevado hacia ello es tan increíble que te ha dejado agotado.

Vale la pena estar de pie porque así miramos a los ojos al presente y alzamos la frente para desafiar el futuro. Porque sí, somos así, pensamos que el futuro siempre será mejor.

Estar de pie nos permite empezar a bailar con la locura y con los deseos, con cuidado de no pisarlos. Y también nos permite andar, porque al andar crecemos y al crecer somos un poquito mejores que al estar quietos.

Tenemos ansia por el futuro, ese futuro perfecto que imaginamos. A parte recordamos el pasado con melancolía diciendo “como me gustaría volver a tener 16 años”, “anda que no haría cosas”. Te recuerdo algo: ya tuvimos 16 años y ya hicimos esas cosas. Esa etapa pasó, fue increíble, cometimos errores, nos enamoramos, nos emborrachamos y nos partimos el culo viendo caídas tontas. ¿Para que quieres volver? Es algo inmejorable. Lo que has vivido es lo que te ha llevado hasta este momento.

¿O es que acaso no estas orgulloso de ti? Si no lo estas, no quieras volver al pasado. Aprovecha el presente para que en el futuro la percepción de ti mismo cambie. No se puede volver atrás al igual que no se puede detener el tiempo, así que no lo pierdas.

Yo me equivocaría otra vez porque no veas lo que he aprendido de esos errores. Se podría decir que nuestra vida es una cadena de errores que nos hacen crecer y aprender. Así que debemos estar dispuestos a caer, debemos correr ese riesgo porque si nos arriesgamos solo hay dos opciones.

La primera es que nos salga bien, ¿Perfecto, no? Y la segunda es que nos salga mal, nos caigamos, volvamos a estar sentados y que con tiempo recuperemos esa confianza y esas ganas que habíamos perdido. ¿Qué puede salir mal? Nada, porque nos gusta mucho estar de pie, somos así de cotillas y así de cabezotas.

Así que no tengo ningún miedo al error porque estoy convencido de que pase lo que pase me quiero volver a levantar, porque desde aquí arriba veo el mundo a mi manera y no dejo que nadie me pise. Me gusta estar de pie porque ahí abajo sentado me siento débil y quizás un estorbo. Me gusta estar de pie porque quiero crecer, seguir aprendiendo y demostrar verdadera locura por la vida.

Y tu, ¿Qué quieres hacer? ¿Quieres quedarte sentado o te atreves a levantarte? 

Un saludo, Miquel Orenga.